Los pecados de Tim “Ripper” Owens

Febrero 21, 2026

Escribo estas líneas días después. No por pereza. No por estar ocupado. No. Simplemente sigo impactado por lo que viví el sábado 14 de febrero de 2026. En un acto de amor propio (muy acorde a la fecha) me lancé a ver la presentación de Tim “Ripper” Owens. Serán varios quienes no crean lo mismo, pero “Ripper” es una leyenda.

A mi juicio, fue una figura clave para el género en los infames años 90, en aquella cruzada para salvar el metal en medio de cambios convulsos en la industria. Lanzó un par de álbumes de estudio y otros tantos en directo con Judas Priest. Fueron golpeados y criticados hasta el hartazgo, tanto que incluso hoy en día es complicado encontrarlos en servicios de streaming y en físico. El pecado de “Ripper” fue no ser el frontman anterior a pesar de ser un excelente vocalista. Una situación similar a la que padecieron Blaze Bayley en Iron Maiden o John Bush en Anthrax.

Su talento lo llevó a participar en otros proyectos legendarios como Iced Earth o con Yngwie Malmsteen, siendo el más reciente KK's Priest. Esta agrupación al inicio se barajó como un proyecto solista del guitarrista K.K. Downing y una reunión de antiguos miembros de la citada banda inglesa, pero hoy por hoy es una propuesta sólida. “Sermons of the Sinner” y “The Sinner Rides Again” confirman el poder de la garganta de Owens. Por cierto, el apodo “Ripper” se lo puso el propio K.K. cuando se unió a Judas Priest, porque para él “desgarra” las voces al cantar (he rips the shit out of the vocals).

Con un prometedor setlist con canciones de todas sus etapas como cantante, ni siquiera el Día del Amor y la Amistad haría que me perdiera su concierto en San Luis Potosí.

Bunker 57 estaba listo para recibir a los fanáticos del cantante, haciendo fila desde temprano. Poco a poco llegaba la gente con boleto en mano o listos para comprarlo en taquilla, así como yo. Tuvimos la oportunidad de disfrutar de dos bandas potosinas de gran calidad.

DØGMA es una banda de heavy/speed metal originaria de San Luis Potosí, formada en 2018, que se ha consolidado como parte activa del circuito underground local gracias a su sonido directo, veloz y de fuerte inspiración clásica. Con una propuesta lírica centrada en la oscuridad, el pecado y la fuerza interior, el grupo ha destacado por la intensidad de sus presentaciones en vivo y por mantener una identidad fiel al espíritu tradicional del metal, abriéndose paso de manera independiente dentro de la escena local y nacional. Su único pecado es la similitud de su nombre con el de cierta agrupación de monjas de la que, en fechas recientes, se habla más de su vestimenta provocadora y la salida de integrantes que de su música.

Auroz se enfoca en el hard rock y heavy metal desde el 2020. Han construido su camino con energía, pasión y un estilo que mezcla potencia, técnica y una ejecución dinámica en el escenario. Su música, influenciada por referentes del hard rock clásico y metal melódico, se ha materializado en lanzamientos como el álbum “Oculta Zona de Juegos” (2023) y sencillos recientes, reflejando tanto el esfuerzo colectivo de sus integrantes como su compromiso con la escena local y nacional. Aquí su pecado fue que, cuando estaban en el escenario, comenzó el meet and greet con Tim “Ripper” Owens.

En ese mismo instante adquirí mi salvoconducto para descender a las entrañas del recinto, como quien acepta internarse en los círculos del Infierno de la Divina Comedia. Crucé bajo el escenario, ese inframundo de sombras, cables y ecos distorsionados, como si atravesara la nigredo alquímica, la etapa oscura donde todo se descompone antes de transformarse. Y apenas cumplido el descenso, apareció la escalera: mi particular montaña del Purgatorio, peldaño a peldaño, elevándose hacia la luz. Así, tras tocar fondo, ascendí para encontrarme con Owens, como quien después de recorrer el abismo finalmente vislumbra el cielo prometido.

Al saludarlo me recibió con una sonrisa, además de una púa de guitarra y el setlist de la noche firmado. Tenía preparado para firma mi disco de “The Sinner Rides Again”, mis boletos, y una máscara de Mil Máscaras, misma que hice que los demás miembros de Masters & Sinners firmaran.

Masters & Sinners es la banda que acompaña a Owens, conformada por los virtuosos Rex Caravello y Andre Soberanes en las guitarras, Pedro Caudillo en el bajo, y Alvaro Cast en la batería. Ellos tenían la obligación de emular la ejecución de temas creados por otros maestros.

Después de conocer a la leyenda, descendí al mundo terrenal con el público para disfrutar de la última parte del show de Auroz. La cerveza no paraba de circular y todos estábamos ansiosos por ver al estelar.

Cuando Tim “Ripper” Owens apareció, lo hizo con gran presencia. ‘One on One’ fue el primer martillazo, pero la ceremonia comenzó de verdad con ‘Metal Gods’. No era un tributo: era una invocación. Ripper no canta esas canciones, las desgarra y las vuelve a coser con alambre de púas. ‘The Green Manalishi (With the Two Prong Crown)’ sonó sucia, venenosa, perfecta. Y en ‘Burn in Hell’ el infierno no fue metáfora: fue temperatura ambiente.

Entonces llegó el momento hereje: ‘Jugulator’. Ese rugido noventero, ese filo industrial del disco homónimo, volvió como un ajuste de cuentas histórico. Algunos lo miraban como si vieran a un excomulgado regresar con la espada aún ensangrentada; otros levantábamos el puño sabiendo que esa etapa también forjó acero.

El solo de guitarra partió la noche en dos. ‘Hellfire Thunderbolt’ fue dinamita pura. ‘Diamonds and Rust’ trajo un respiro tenso, casi místico, antes de que ‘Breaking the Law’ desatara el karaoke más peligroso del año. No era un acto de nostalgia, ya que Owens, de casi 60 años, vivió e hizo suyas aquellos himnos.

Hubo problemas con su micrófono, por lo que tuvo que cambiar a uno inalámbrico para mejorar la experiencia. Sus tablas lo delataban, y lejos de preocuparse por las cuestiones técnicas, mientras eran arregladas, le arrebató la guitarra a Rex y empezó a tocar riffs de AC/DC y de otros pesos pesados.

Ripper” se paseaba por el escenario como un predicador apocalíptico, sudando redención. ‘Living After Midnight’ convirtió el lugar en un bar eterno sin horario de cierre. Y cuando atacó ‘Electric Eye’, sentí que nos vigilaba desde el futuro, desde todos los futuros posibles del heavy metal sempiterno.

El cierre con ‘Heaven and Hell’ fue un guiño cósmico: no importa la alineación, la fe ni la era; el metal es un péndulo entre luz y oscuridad. Salí con los oídos zumbando y la certeza de que no vimos a un reemplazo histórico. Vimos a un sobreviviente. Y sobrevivir, en el heavy metal, es el acto más puro de rebeldía.

Galería de fotos de Tim “Ripper” Owens, Auroz y DØGMA aquí.

Agradecimientos especiales a Morbid Visions Productions por las facilidades otorgadas.

Fotos por HugoEmeCe

Siguiente
Siguiente

En defensa de la escena nacional | Road to Veracruz Metal Fest II