CRÓNICA | Horror en la HellCon 2026
Agosto 12, 2026
Existe una fascinación añeja, casi atávica, por aquello que nos acecha desde la penumbra. El ser humano no sólo teme a lo desconocido, sino que lo busca con ansia. Es una paradoja tan antigua como el mismo cine de terror: esa necesidad visceral de sentir cómo el pulso se acelera, de poner a prueba la adrenalina y de asomarse al abismo sabiendo que, al menos por noventa minutos, la criatura en pantalla está bajo control.
Desde el expresionismo sombrío del Nosferatu de Murnau, pasando por los monstruos trágicos de la Universal (el Monstruo de Frankenstein, el Hombre Lobo o el Conde Drácula), hasta el terror contemporáneo a cargo de A24, el género de horror ha sido el espejo donde reflejamos nuestras pesadillas más profundas.
Por ello, el domingo 2 de agosto se llevó a cabo la HellCon 2026, una convención totalmente enfocada en esta temática.
La tarde del evento no pudo haber tenido un prólogo más ad hoc. Justo en el primer acto, el cielo se abrió en una tormenta implacable. Un verdadero diluvio cayó sobre la capital potosina, colapsando avenidas, paralizando el tránsito y amenazando con ahogar cualquier atisbo de concurrencia.
La mitad de la convención se desarrollaba al aire libre. Para cualquiera habría sido el escenario perfecto para el desastre, sin duda; pero para los amantes del género, la lluvia torrencial no fue más que la escenografía perfecta, un guiño directo a las noches de tormenta donde los castillos góticos cobran vida entre relámpagos.
A pesar de que la urbe quedó detenida bajo el agua, la devoción por el horror no se contuvo. El público desafió el clima, demostrando que la sed por la adrenalina, el culto a los clásicos del cine de espanto y el deseo de reunirse en comunidad son más fuertes que cualquier inclemencia meteorológica.
El jardín albergaba el escenario principal, un altar improvisado que abrió fuego con propuestas musicales y trivias diseñadas para medir la devoción de la multitud. Entre la bruma y el sonido, Angelina Stainhell, el rostro y alma de la HellCon, encabezó la ceremonia y guió al público por un calvario de preguntas y recompensas, alimentando la expectativa por el combate estelar entre dos titanes del slasher ochentero: Freddy Krueger y Jason Voorhees.
Mientras tanto, la zona de mercaderes y expositores habitaba las tripas de una casona contigua que bien podría haber servido de escenario para la cabaña maldita de Evil Dead. En sus pasillos, entre sombras y humedad, se ofrecía un catálogo de reliquias extraordinarias: desde indumentaria oscura esculpida por Chela Killer Store, hasta pósters ajados de El Exorcista y del Nosferatu de Werner Herzog que alguna vez decoraron las marquesinas de cines ya extintos. Películas imposibles de conseguir en el circuito comercial y artilugios de culto aguardaban en cada rincón como tesoros profanados.
La música continuó su curso sobre el suelo húmedo con la irrupción de Vórtices. La agrupación potosina descargó un set de rock alternativo teñido de hard rock e indie, repasando su historia y reafirmando su trinchera en la escena local. A su lado, la metamorfosis tomó forma con Easy Demon, cuyo proyecto acecha desde hace más de una década al imaginario otaku con sonoridades oscuras y homenajes rítmicos.
El cuerpo y la caracterización teatral alcanzaron su punto más denso gracias al colectivo Boss Productions. Sus integrantes no sólo lucieron indumentaria y props de corte gótico y zombi, sino que proyectaron en el espacio el rigor de una formación actoral entregada por completo al arte de encarnar la pesadilla.
Justo en el corazón del jardín, la velada alcanzó una nueva nota de teatralidad con una pasarela gótica. Entre indumentarias oscuras y detalles victorianos, los participantes hicieron del suelo húmedo su propio escenario, desplegando una distinción oscura que encapsuló el espíritu más puro de la convención.
Casi al filo del cierre, la tensión acumulada detonó en el combate performático entre Freddy y Jason. Abandonando el guante con cuchillas y el machete, ambos seres de ultratumba tomaron forma de peleadores de MMA. La contienda no ocurrió en silencio: fue sonorizada en vivo por Ritmo Chueco, cuya masa musical, una mezcla inclasificable de ritmos latinos y psicodelia, logró el milagro de unir a la comunidad gótica y al público casual en un mismo baile catártico bajo la noche potosina.
Como vampiro que acaba de saborear la sangre fresca de su víctima, la HellCon nos dejó un exquisito sabor de boca; todo gracias a la suma y presencia de colectivos locales, músicos del circuito independiente potosino y entusiastas del género.
Lo que nació bajo el estruendo de los truenos y la parálisis de la ciudad no fue una simple reunión, sino el firme nacimiento de una convención que llegó para quedarse. Este hito apenas marca el comienzo: con la respuesta de una audiencia que no le teme ni a la tormenta ni a la oscuridad, ya se perfilan y se esperan muchas más ediciones cargadas de suspenso, nostalgia y auténtico terror.