Anticolor - “Tenebris Doom”: horror, velocidad y una identidad que rehúye el encasillamiento

Julio 16, 2026

En una escena donde muchas bandas de metal extremo construyen su identidad alrededor de una fórmula específica, Anticolor ha optado por un camino distinto. La agrupación originaria de León, Guanajuato, ha desarrollado una propuesta que toma elementos del black, speed y heavy metal sin convertir ninguno de ellos en un límite creativo. Esa forma de componer, que Aleister Reza explicó en entrevista con Intense Metal durante el Candelabrum Metal Fest IV -partiendo de una idea inicial junto al guitarrista Sxar y desarrollándola conforme surge la inspiración- encuentra en Tenebris Doom una de sus expresiones más consistentes.

Lanzado originalmente el 31 de octubre de 2025 y editado posteriormente en formato físico por Metalized Records -en CD y un vinilo limitado a 200 copias-, el álbum representa una declaración de principios para una banda que entiende el metal extremo como un terreno abierto para explorar distintas atmósferas sin sacrificar cohesión. La variedad estilística es evidente desde los primeros minutos, pero lejos de sentirse como una colección dispersa de ideas, el disco mantiene una identidad reconocible que le permite sostener un discurso propio.

Un álbum construido sobre contrastes

Desde "Natural Capacity to Slay" queda claro que Anticolor no pretende establecer una única “velocidad de crucero”. El álbum alterna constantemente entre composiciones más agresivas y otras donde el desarrollo adquiere mayor protagonismo, generando un ritmo interno que evita la monotonía durante sus doce cortes.

Las canciones de duración más breve funcionan como puntos de impacto. En ellas predominan estructuras directas, donde la combinación entre riffs de corte speed metal y una ejecución influenciada por el black metal genera una sensación permanente de tensión. No se trata únicamente de tocar rápido; existe una intención clara de construir melodías reconocibles dentro del caos aparente.

Por otro lado, piezas como "Alucarda", "Suspiria", "Magical Principle Dogma" y "Čachtice" amplían considerablemente el rango compositivo del disco. Su mayor duración permite desarrollar cambios de dinámica y atmósferas que rompen con la inmediatez de los temas anteriores. En lugar de repetir un mismo motivo durante varios minutos, las composiciones evolucionan naturalmente, introduciendo nuevas secciones que mantienen el interés sin perder continuidad.

Ese equilibrio entre canciones concisas y desarrollos más extensos constituye una de las principales fortalezas de Tenebris Doom. El álbum nunca transmite la sensación de estar rellenando minutos, pero tampoco cae en la ansiedad por resolver cada idea demasiado pronto.

Precisamente ahí aparece uno de sus mayores aciertos: aunque los recursos provienen de distintos subgéneros del metal, la transición entre una pieza y otra resulta orgánica. Existe una coherencia sonora que permite percibir el disco como una obra completa, algo especialmente meritorio considerando la diversidad de enfoques presentes en su repertorio.

Una identidad que se construye desde la composición

Uno de los aspectos más interesantes de Anticolor es que evita convertir las influencias en un catálogo de referencias evidentes. En lugar de rendir homenaje constante a un único estilo, la banda parece utilizar cada elemento como una herramienta narrativa.

Las bases del black metal aparecen principalmente en la atmósfera, la interpretación vocal y cierta agresividad rítmica. El speed metal aporta dinamismo y una sensación permanente de impulso, mientras que el heavy metal clásico emerge en varios momentos mediante riffs con mayor carga melódica y estructuras relativamente accesibles dentro del contexto extremo.

Lo importante es que esos componentes nunca parecen ensamblados de manera artificial. La banda no cambia de género entre canciones; más bien modifica el énfasis de determinados recursos manteniendo una personalidad reconocible.

Ese resultado probablemente tenga relación con el método creativo descrito por Aleister Reza. Componer sin imponer límites estilísticos permite que cada idea encuentre su propia dirección antes que adaptarse a una etiqueta específica. Tenebris Doom refleja precisamente esa libertad.

Horror como lenguaje visual

Aunque no se proporcionan las letras para profundizar en los conceptos narrativos del álbum, sí existe una línea estética claramente definida que atraviesa toda la propuesta visual de Anticolor.

Los propios títulos -"Suspiria", "Alucarda", "Bloodmoon", "Čachtice"- remiten a imaginarios relacionados con el horror, el ocultismo y el cine fantástico, elementos que también aparecen en sus videos oficiales mediante una marcada influencia del cine de terror clase B de los años ochenta.

La portada sintetiza perfectamente esa dirección artística.

Aleister Reza aparece caracterizado con corpse paint blanco y negro, sosteniendo una espada manchada de rojo mientras domina visualmente la escena sobre una figura femenina inmóvil. El fondo oscuro cubierto por humo azul, junto con las tipografías propias del metal extremo, construye una imagen que transmite teatralidad antes que realismo.

Lejos de buscar violencia explícita como recurso gratuito, la ilustración apuesta por una estética cercana al horror cinematográfico clásico, donde la exageración visual forma parte del espectáculo. Esa misma lógica parece extenderse al resto del concepto artístico de la banda.

In extremis

Tenebris Doom consolida una forma de entender el metal extremo donde la libertad compositiva pesa más que las etiquetas. Anticolor demuestra que la mezcla de influencias puede convertirse en una fortaleza cuando existe una dirección artística coherente. Dentro del panorama mexicano reciente, el álbum sobresale por su capacidad para construir una identidad reconocible sin depender de fórmulas establecidas.

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