Nargaroth y Gedanken toten Lebens: oscuridad y catarsis

Marzo 05, 2026

Recuerdo el día en que atrapé una cabeza de cerdo. Voló por los aires después de que alguien la arrancara de una cruz invertida de metal. Y, cual si fuera receptor de fútbol americano, atrapé con mis dos brazos la testa cercenada. No tienen idea de lo pesada que es. No la soporté y cayó al suelo. Otros la levantaron y empezaron a tomarse fotos grotescas con ella. Ese fue el toque final de la primera vez que vi a Nargaroth en vivo, en el lejano 2018.

Esa anécdota la cuento cada vez que me preguntan sobre los sucesos más inauditos que he presenciado en conciertos (está en mi top 5). Y siempre recibo la misma reacción de rechazo y repugnancia: ¿a qué voy a esa clase de eventos?

La vida es dura. O mejor dicho, la cotidianidad autoimpuesta con reglas absurdas la hace difícil. Las situaciones mundanas que nos aquejan, simples en su mayoría, no nos permiten disfrutarla.

¿Cómo escapar de ello? La búsqueda de la felicidad nos lleva a terrenos disparatados: la oscuridad, la violencia, la agresión. Para estar en paz con uno mismo necesitamos alejarnos de esa rutina. Guerra. Por tal razón, al saber que René Wagner regresaba a México, de inmediato fui a comprar mi entrada.

Aquel 26 de febrero corrí a Bunker 57. Chamuco Prods tiene fama de ser puntual y no quería perderme nada. Porque más que una banda abridora, a Nargaroth lo acompañaba una gran propuesta musical: Gedanken toten Lebens. El proyecto en solitario de Solveig, su artífice y vocalista, desplegó ante nosotros una oscuridad que se enraizó en lo profundo de nuestra psique.

La banda fue construyendo un paisaje sonoro que parecía oscilar entre la contemplación melancólica y la violencia contenida, como si cada canción fuera una meditación sobre la muerte, el tiempo y la fragilidad humana.

Como audiencia, comenzamos a entrar en la misma frecuencia sombría que emanaba del escenario. Con una entrega austera, cada acorde parecía surgir de una introspección profunda. Cuando terminaron su set, el ambiente ya estaba preparado para la tormenta que vendría después. Insisto: Gedanken toten Lebens no actuó como simple telonero. Era el prólogo oscuro de un libro que, páginas más adelante, sería devorado por el fuego del black metal.

Nargaroth denominó esta gira como Altars of Death Tour 2026. Estábamos frente a un altar, no ante un escenario, navegando entre estados de ánimo que van de la furia primitiva a la contemplación amarga, como si cada riff y alarido fueran un paso más en un camino que desciende a lo más profundo del espíritu humano.

Como preámbulo casi litúrgico, presenciamos una declaración de principios: “Black Metal ist Krieg”. El micrófono falló, pero el grito inaugural de Ash retumbó en nuestros sentidos. El black metal, en su esencia más pura, no es entretenimiento, sino confrontación.

“Erik, May You Rape the Angels” es una pieza que siempre ha flotado entre la provocación y la tragedia. Recordemos que fue dedicada y compuesta al fallecido Erik Brødreskift, baterista que tuvo gran repercusión en el sonido de Immortal, Gorgoroth y Borknagar. En “Agony of a Dying Phoenix”, la banda transforma el sufrimiento en una especie de belleza sombría. 

En “Sommer”, la nostalgia aparece como un espectro: el verano en el universo de Nargaroth no es luz, sino recuerdo, decadencia y melancolía. En el frenesí de su interpretación, tocaron un tema nuevo, “Metalheart”, que saldrá pronto -esperemos- en un nuevo disco.

Con “Love Is a Dog from Hell”, el romanticismo se convierte en ruina, una declaración nihilista donde el amor no salva: te engulle y te escupe. Después sorprendieron con “Dead Embryonic Cells” de Sepultura, ejecutando el breakdown de manera sublime y agreste.

“I Burn for You” y “Semper Fi” trazaron un arco emocional entre la devoción y la resistencia, junto con “Prometheus”, que dibujó en nuestra mente el mito del titán castigado por desafiar a los dioses: una metáfora perfecta para el espíritu del black metal, robar el fuego y pagar el precio.

Como desenlace, para el encore, la banda regresó con “Possessed by Black Fucking Metal”, un himno que funciona como epitafio y manifiesto.

Tanto Ash como Solveig estuvieron largo rato con el público, conversando, tomándose fotos y firmando autógrafos. Los que estuvimos ahí arrasamos con la cerveza (la música extrema da sed). Fue una noche perfecta. Aunque no hubiera cabezas de cerdo incrustadas en cruces invertidas de metal.

Agradecimientos especiales a Chamuco Prods por las facilidades otorgadas.

Fotos por HugoEmeCe

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