Noche de exceso gratuito con Mötley Crüe

Agosto 14, 2026

Fotos: Torch Fotografía

Lo dije y lo sostengo: Mötley Crüe es una banda que en 2026 ya no es trascendente. A diferencia de Marilyn Manson -que estuvo en la Feria Nacional Potosina (FENAPO) el año pasado-, no han sacado disco nuevo ni lo harán; lo último fue Saints of Los Angeles en 2008. En una entrevista reciente, Nikki Sixx mencionó que ya no cree en la idea de lanzar un nuevo trabajo de estudio completo.

Ya ni hablemos de controversias. Lo más cercano a algo así en tiempos recientes fue la salida de Mick Mars y la integración de John 5 en la guitarra. Y eso fue en 2022.

Mötley Crüe es una banda de nostalgia. El setlist de su nueva gira, “The Return of the Carnival of Sins, se reduce a interpretar temas de sus cinco primeros discos -los clásicos sempiternos ochenteros- y un par de canciones que nadie recuerda. La gira ni siquiera es tan novedosa, pues "celebra" el 20º aniversario de su tour “Carnival of Sins (2005-2006).

Tuvieron su revival gracias a The Dirt, la adaptación cinematográfica que retrata el origen y la gloria del conjunto. Dicho sea de paso, una mala película, pues el libro es muy superior al lograr transmitir el arduo trabajo musical que invirtieron, así como el estrés emocional que padecieron. Bueno, eso no es culpa de ellos.

 Pero no me malinterpreten. Esto no demerita la importancia de su legado. Inspiraron a todos, incluyendo a un Lars Ulrich que quería que su batería sonara como la de Dr. Feelgood. Aquellos cinco discos clásicos forjaron su carrera en menos de diez años (aunque Theatre of Pain sea flojo).

Su presentación en El Foro (otrora Teatro del Pueblo) de la FENAPO es un hito no sólo para la capital potosina, sino para el país, por ofrecer un concierto de este calibre sin costo para el espectador. Y si bien la fecha no aparecía en el cartel oficial de la gira, miles se aglutinaron para ver a Nikki Sixx, Vince Neil, Tommy Lee y John 5 en acción.

A riesgo de parecer un viejo rancio, tampoco me gusta la Feria. O, mejor dicho, el hecho de formarse por horas para ver al artista que se presentará ahí. Que los conciertos sean gratis no debería implicar pagarlos con nuestro tiempo ni pasando vicisitudes durante largas horas (o días, para algunos). Desde una semana antes se asomaban casas de campaña afuera de las instalaciones, con pequeños carteles que, con cierto orgullo, informaban a quién deseaban ver: Katy Perry, Kenia Os, Yandel Sinfónico (al más puro estilo de Deep Purple con la Orquesta Sinfónica de Londres) y, por supuesto, “The World's Most Notorious Rock Band”.

Y así se llegó a la humedad nocturna del 8 de agosto en la FENAPO, que no olía a gorditas de horno ni a pan de pulque; olía a cerveza, a cuero sintético resecado por el calor desértico, y a la adrenalina pura de miles de almas apretadas como sardinas frente al escenario.

Confieso que no pretendía ir; siempre se atesta cuando traen a un artista de talla internacional. Pero una hora antes de la cita, salí de mi casa hacia la avenida y tomé un taxi que me dejó a un par de cuadras. Atravesé el recinto y, sin contratiempos, me adentré en las vísceras de aquel monstruo, justo antes del inicio del show.

Atestigüé una aberración gloriosa del glam metal apoderándose del corazón de México de manera completamente gratuita.

Se respiraba una atmósfera caótica desde las entrañas del mar de gente. La multitud se movía abrumada por los empujones de fanáticos con chamarras de mezclilla rotas, melenas despeinadas y pañuelos rojos en la cabeza, quienes convivían hombro con hombro con familias enteras y curiosos que pasaron de los juegos mecánicos directo al abismo del hard rock.

Cuando las luces se apagaron y los primeros estallidos de distorsión perforaron los tímpanos, El Foro estalló en un alarido colectivo. El cuarteto tomó el escenario con una energía devoradora, como si aquel sitio fuera un club clandestino del Sunset Strip en 1987, pero multiplicado por decenas de miles de potosinos y foráneos enajenados.

John 5 ametrallaba el mástil de su guitarra con solos precisos mientras las luces rojas y moradas bañaban la masa humana que brincaba al ritmo de clásicos atemporales, cuyos videos se repetían ad nauseam en el MTV de antaño. El bajo de Nikki Sixx retumbaba en las costillas del público, marcando un pulso salvaje.

Vince Neil incitaba al graderío entre frases en inglés y gritos que la multitud respondía como un eco primitivo. Había vasos volando por los aires, celulares alzados formando un mar de pantallas iluminadas y puños en alto desafiando la gravedad y el cansancio acumulado tras horas de fila.

El repertorio de la noche fue diseñado como un cóctel molotov directo a la yugular del fan más acérrimo. Arrancaron la masacre sin piedad soltando la furia ochentera de "Red Hot", empalmada casi sin pausa con la batería aplastante de Tommy Lee abriendo camino para "Louder Than Hell" y "Wild Side".

Para cuando "Shout at the Devil" resonó en las bocinas del recinto, la multitud era ya un mar de cabezas sacudiéndose en un trance colectivo, invocando a los viejos demonios del glam mientras los acordes sucios de "Too Fast for Love", "Looks That Kill" y "Too Young to Fall in Love" reventaban los tímpanos de la primera fila.

No se limitaron a desempolvar los himnos dorados de Shout at the Devil y su álbum debut. Entre la masa enfurecida se sintió el latigazo noventero cuando dispararon "Primal Scream" y la incomprendida "Afraid", recordándonos aquellos convulsos años noventa. O eso creí escuchar yo, pues en ese instante decidí pasar al baño; no me interesaba.

Y justo cuando la histeria alcanzaba su punto de ebullición, el piano dio paso a "Home Sweet Home". Miles de pantallas de celular iluminaron la noche potosina en una tregua emotiva, antes de que John 5 retomara la fiesta con la desenfadada "Smokin' in the Boys Room".

"Live Wire" reencendió el motor para conectar directamente con la trilogía de la perdición: "Girls, Girls, Girls" con sus coristas, la densidad adictiva de "Dr. Feelgood" y el clímax absoluto con "Kickstart My Heart". Un cierre salvaje mientras las pantallas mostraban un mensaje de agradecimiento a la ciudad y a su gente.

Una "feria de pueblo" sucumbió ante la marea de fans. Yo mismo sucumbí y terminé por aceptar mi error. No, no serán vigentes en 2026, pero los que estuvimos ahí pudimos ver esa garra que los convirtió en leyendas. Mötley Crüe ofreció una cátedra de exceso (con medida), distorsión y electricidad pura en una velada donde San Luis Potosí se convirtió, por un par de horas frenéticas, en la capital mundial del rock.

¿Seguirá siendo el próximo año? ¡Que viva la democratización de los conciertos!

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