Stratovarius | Triunfo y legado en San Luis Potosí

Octubre 19, 2025

Stratovarius es una de esas bandas legendarias que te atrapan desde la primera escucha. El virtuosismo de sus integrantes no tiene paralelo, y buena parte de su impronta musical se la deben -entre otros factores- a Timo Tolkki. Digno de un genio resulta aquel episodio en el que el guitarrista contó, en una entrevista, que al terminar la gira de Episode se encerró en casa y compuso Visions en apenas día y medio. Esa genialidad lo condujo a la locura y, finalmente, a su salida de la agrupación, aunque ello no significó un menoscabo en la fuerza creativa ni en la historia por venir de la banda.

Me declaro fan de la banda, tanto que tengo una imitación de Stratocaster firmada por Tolkki y mi chaleco luce un parche con su nombre en dorado. Por eso respondí con un “sí” inmediato cuando me preguntaron si conocía a los finlandeses y si podía ofrecer una breve semblanza durante la rueda de prensa organizada para promocionar el concierto que darían a los potosinos el domingo 12 de octubre en Bunker 57. Agradecido con Damián Moore y Yolanda Bear de Cantodea Producciones, me entregué por completo a la petición: destaqué la importancia de la banda, lo histórico de su visita a la capital potosina, la amplia trayectoria que los respalda y que su gira Cuauhtli Tour México 2025 representa una oportunidad imperdible para los seguidores del power metal en el país.

Bandas como Lacrimosa, Epica, Cradle of Filth, Jinjer o Arch Enemy, entre muchas otras, han emprendido en los últimos años giras extensas con múltiples fechas por todo México. Aunque en redes sociales algunos comentan en tono de broma que “ya viven aquí”, la realidad es que este fenómeno responde a que han encontrado un nicho sólido, donde no sólo se sienten apreciados, sino también respaldados por un público numeroso que hace viable y rentable cada gira. Lo que antes parecía imposible, hoy es una realidad: el metal en tierras aztecas es un buen negocio cuando se hace bien.

Cabe destacar que este sería el último show organizado en 2025 por Cantodea Producciones, con el que cierra una década de esfuerzos por acercar bandas y artistas a San Luis Potosí y al Bajío. Entre altibajos y dificultades externas, se les aplaude por mantenerse firmes y enfrentar la adversidad, muy en sintonía con el espíritu de “Hunting High and Low” de los finlandeses.

La rueda de prensa fue un éxito, generando gran expectación por el concierto. Nadie imaginaba que, un par de horas después, todo se tornaría incierto. Ese mismo día, 8 de octubre, en Puebla —donde arrancaba la gira—, la banda anunció antes de su presentación que su vocalista, Timo Kotipelto, padecía de tonsilitis, lo cual le impidió cantar. El resto de Stratovarius no canceló el show y ofreció un set instrumental. Al día siguiente, confirmaron el diagnóstico -amigdalitis- y anunciaron que el concierto programado para Pachuca se pospondría al 24 de octubre, cancelando a su vez el de Morelia previsto para esa fecha.

Pasaron las horas y los días en espera de noticias sobre la salud de Kotipelto. Cualquier duda se disipó tras las presentaciones de Stratovarius en Ciudad de México y Querétaro. La nueva interrogante era si el público potosino acudiría a la cita el domingo por la noche.

Según los datos de boletaje que el venue ha compartido en otros eventos, Bunker 57 tiene capacidad para unas 666 almas (datos extraoficiales indican la cifra de 650). Aquel 12 de octubre el lugar estaba a reventar. Llegar temprano y poder colarme a una escalera frente al escenario, me permitió tener un lugar privilegiado, justo arriba de la consola de sonido. Ir al baño era impensable: era imposible atravesar el gentío. En ocasiones, los metaleros potosinos también hacemos sold out, y no sólo cuando se trata de conciertos gratuitos en ferias de pueblo con artistas superfluos.

Así comenzó uno de los mejores conciertos de metal realizados en San Luis Potosí este año. Un Timo Kotipelto plenamente recuperado fue acompañado por los formidables Matias Kupiainen (guitarra), Jens Johansson (teclados), Lauri Porra (bajo) y Rolf Pilve (batería). Sobre el escenario, frente a las pantallas, destacaba una flor de lis modificada -que más tarde incorporarían a su logo- iluminada con destellos que cargaban de epicidad la presentación.

La selección de temas fue excelsa. Sólo los primeros cuatro bastaron para resumir su trayectoria: “Speed of Light”, “Eagleheart”, “The Kiss of Judas” y “World on Fire” cubren todas sus épocas, demostrando fortaleza y constancia pese a los cambios de alineación. Diecisiete álbumes de estudio después siguen siendo una referencia del género.

Con “Eternity”, los teclados de Johansson tejieron una base celestial sobre la cual la voz de Kotipelto se elevó con dramatismo y serenidad. Luego, con una introducción neoclásica -ya parte de la historia del metal-, comenzó el himno indiscutible de la época dorada de Stratovarius: “Black Diamond”. Es una de esas canciones que definen un género y una generación, como quedó claro en la respuesta del público. “Twilight Symphony”, “Holy Light” y “Paradise” conformaron -deliberadamente o no- una sección teatral y melancólica, un equilibrio perfecto entre la agresividad y la majestuosidad sinfónica. Cada nota erizaba la piel.

Enseguida, con una cerveza en mano, Lauri Porra quedó solo en escena. Tras un trago, sus dedos recorrieron las cuerdas del bajo para entonar el Himno Nacional Mexicano y ese otro canto no oficial que todos los mexicanos coreamos con igual fervor: “Cielito Lindo”. A ello se sumó la bandera mexicana con el nombre de la banda colocada sobre los teclados de Johansson, otorgando un sello único al momento.

“Survive” simboliza el regreso de la banda y reafirma su creatividad y sonido. Con una energía más moderna y una producción más agresiva, representa su afianzamiento definitivo. “Destiny”, ese viaje musical lleno de contrastes fue sencillamente espectacular. Una de sus composiciones más ambiciosas, que combina majestuosidad sinfónica con una profunda carga emocional y filosófica. Casi cinematográfica. Con esa intensidad final, los músicos abandonaron la tarima entre vítores y aplausos.

Cuando parecía que la noche llegaba a su fin, el clamor del público los trajo de vuelta. Stratovarius reapareció entre luces cálidas y una ovación ensordecedora para ofrecer un encore lleno de emoción y nostalgia. “Forever” abrió el regreso con un instante de pureza: acordes acústicos que se fundieron con las voces del público en una interpretación coral y conmovedora. Fue un momento íntimo donde la añoranza se volvió comunión. Sin pausa, “Unbreakable” reavivó la energía: la banda recuperó toda su potencia escénica y el público respondió con la misma intensidad. El cierre definitivo llegó con “Hunting High and Low”, un estallido de energía y emoción que selló la noche con broche de oro. Guitarras, teclados y coros se unieron en un clímax perfecto mientras Kotipelto alentaba a la multitud a cantar una última vez. La canción se extendió entre aplausos, sonrisas y ese sentimiento compartido de triunfo que sólo una gran banda puede provocar.

Así terminó el show: un concierto sólido, lleno de energía, precisión técnica y emoción genuina, que demostró por qué, tras más de tres décadas, el legado de Stratovarius sigue más vigente que nunca.

Agradecimientos especiales a Cantodea Producciones por las facilidades otorgadas.

Galería de fotos completa de Stratovarius aquí.

Fotos por HugoEmeCe

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