FROM THE VAULT | San Luis Metal Fest 2026
Julio 15, 2026
Hay una idea romántica de que el metal siempre pertenece a la noche. Que necesita penumbra, humo artificial y luces estroboscópicas para cobrar sentido.
El San Luis Metal Fest 2026 decidió demostrar lo contrario.
El lema era The Awakening of Darkness, pero la oscuridad despertó bajo un sol que castigó desde muy temprano la explanada del Teatro del Pueblo de la Fenapo. El festival, organizado por Medussa Entertainment y Sierra Centro Producciones dentro de un formato gratuito, reunió durante dos días a nombres históricos del heavy, thrash, death y black metal, junto con una sólida representación nacional.
Y quizá esa fue la primera gran lección del fin de semana. El metal no necesita esconderse.
La primera llamada ocurrió una noche antes, en Bunker 57, durante la Pre-Party From Hell: Opening the Gates of Darkness. No era un simple concierto previo. Era el momento para cambiar el modo oficina por el modo festival, para reencontrarse con rostros conocidos de la escena potosina y empezar a calibrar el cuello para dos días de headbanging.
Night of the Vampire encabezó una noche pensada para recordarnos que la oscuridad no espera al sábado. Llegó el viernes.
Entre cerveza, saludos que llevaban meses pendientes y conversaciones que inevitablemente terminaban hablando de cuál sería la banda del fin de semana, el ambiente dejaba claro que el festival ya había comenzado, aunque oficialmente todavía faltaran varias horas.
Había otra expectativa flotando en el aire. Durante semanas se anunció que el Tío Charly sería el maestro de ceremonias del festival, esa voz encargada de hilar una banda con otra y mantener viva la energía entre cada cambio de backline. Estaba en la pre-fiesta, hablando con todos. Al final nunca apareció. No fue algo que alterara el desarrollo del evento, pero sí quedó como una de esas pequeñas curiosidades que terminan formando parte de la historia no escrita de cualquier festival.
Y medio crudos, ya sábado, nos lanzamos al Teatro del Pueblo, aquel lugar que hace un año albergó de manera histórica a Marilyn Manson. Desde el acceso podía sentirse que aquello no era un festival cualquiera. No importaba si llevabas una playera recién comprada o una reliquia de gira con veinte años encima; todos caminaban en la misma dirección con esa mezcla de ansiedad y paciencia que sólo entiende quien ha esperado meses para un festival.
Las botas levantaban polvo. Las primeras latas de cerveza comenzaban a destaparse. El olor a bloqueador solar se mezclaba, de manera casi absurda, con el cuero de los chalecos llenos de parches.
Era una imagen curiosa. Black metal bajo treinta grados. Y funcionaba. Así como la raza de la Biblia Underground. Estaban colocados en la zona de venta de mercancía. Tal cual regalaban biblias. Quien me entregó un ejemplar, me pidió permiso para rezar por mi. A Slayer no le gusta esto, pero a Stryper sí. Además, necesitaría ayuda divina para aguantar la jornada larga de dos días que comenzaba desde las 10 de la mañana, hasta la madrugada del siguiente.
Los primeros acordes pertenecieron a las bandas nacionales, que tuvieron la difícil misión de abrir una faena maratónica. En festivales de este tamaño suele existir la tentación de llegar tarde y esperar a los nombres internacionales. Sin embargo, ahí estaba buena parte del corazón del evento: músicos mexicanos tocando frente a un público que poco a poco iba poblando el recinto.
La escena local respondió con actitud y diversidad. Hubo death metal. Metalcore. Thrash. Propuestas extremas. Cada una con personalidad propia.
Era evidente que el cartel buscaba algo más que reunir leyendas; también pretendía mostrar el presente del metal mexicano.
El primer círculo comenzó a abrirse entre el público. No hizo falta ninguna instrucción. Los viejos sabían (sabíamos) exactamente qué hacer. Los jóvenes los (nos) siguieron.
Puedo hablar de muchos momentos. Uno de los momentos más particulares de la jornada llegó con Marraneitors. Pocas bandas consiguen dividir opiniones y, al mismo tiempo, provocar una de las reacciones más intensas del público. Su propuesta cargada de humor, irreverencia y grind encontró eco entre los asistentes locales, que respondieron con uno de los movimientos colectivos más visibles del primer día.
Había gente riéndose. Otros simplemente levantaban el puño. Algunos intentaban explicar a sus acompañantes qué demonios acababan de presenciar. Y esa quizá sea la mayor virtud de una banda así. Nadie permanece indiferente.
Luego llegó una de las sorpresas del festival. Void. Había expectativa alrededor del grupo estadounidense, pero el escenario terminó amplificando todo lo que se comentaba de ellos. Su propuesta de thrash metal encontró una respuesta inmediata del público gracias a una ejecución explosiva y a un desempeño escénico que convirtió el escenario en un espacio demasiado pequeño para contener tanta energía.
Mientras la tarde avanzaba, el sol comenzó a conceder una tregua. Hay que hidratarse. El latón de cerveza a $150, y un poco más si ibas directo con los de las cubetas, y evitar la fila de la cooperativa de la secundaria. Sí, te tenías que formar como en aquellos tiempos para comprar un boleto, que a su vez te permitiá cambiarlo por -entre otras cosas- una cerveza. Similar era lo que tenías que hacer para ir al baño.
La sombra apareció lentamente, y con ella también llegaron los sonidos más oscuros.
Necrofier llevó el black metal melódico hasta una audiencia que ya estaba completamente conectada con el festival. Después apareció Atomic Aggressor, representante de una generación pionera del metal extremo sudamericano, reafirmando que Latinoamérica lleva décadas escribiendo su propia historia dentro del género.
La noche, por fin, alcanzó al festival. Covenant tomó el escenario.
Escuchar el material de Nexus Polaris convirtió aquel momento en algo especial para quienes conocen el peso histórico de ese álbum dentro del black metal sinfónico. Las atmósferas envolvieron el recinto mientras la temperatura descendía por primera vez en todo el día.
Marduk llegó con el prestigio y la controversia que siempre ha acompañado a la banda sueca. No necesitaban presentación ni artificios. Su repertorio recorrió distintas etapas de una carrera fundamental para entender el black metal escandinavo, mientras frente al escenario los cuellos parecían competir por descubrir cuál resistía más minutos haciendo headbanging.
El primer gran golpe emocional llegó con Crimson Glory.
Su debut en México representaba una deuda histórica con los seguidores del heavy metal clásico. Durante años pareció imposible imaginar aquella visita, y de pronto estaba ocurriendo. El festival permitió que distintas generaciones coincidieran frente al mismo escenario. Algunos las conocieron en vinilo. Otros por plataformas digitales. Todos cantaban igual.
Cuando Possessed apareció para cerrar la jornada, el cansancio ya era evidente. Las piernas pesaban. La espalda comenzaba a protestar. La garganta llevaba horas castigada. Y aun así quedaba energía. La celebración del legado de Seven Churches terminó convirtiéndose en un cierre contundente para un día que había comenzado bajo un sol abrasador y terminaba envuelto en riffs que marcaron la historia del género.
Lo lógico es ir a casa, pero nos fuimos de after. Mis nuevos amigos Borre y Remi de Aguscalientes acabamos en Rockabilly en el Centro Histórico. Lugar por demás ecléctico, que ellos lo tacharon de fresa. Los tuve que dejar pues ya no aguantaba, necesitaba cerrar los ojos.
Dormir después de un festival nunca significa descansar, sólo poner una pausa.
El segundo día comenzó distinto.
Ya no existía la ansiedad del estreno. Ahora aparecía el cansancio.
Avanzado el día, Blood Feast abrió el bloque internacional recordando que el thrash de los años ochenta aún conserva filo. Poco después apareció Dogma, probablemente la banda que más conversación generó antes y después de su presentación. No sólo por su propuesta musical, sino por toda la narrativa que rodea al proyecto, así como sus controversias. Cada asistente sacó sus propias conclusiones.
Hirax hizo lo que Hirax lleva décadas haciendo. Thrash. Sonrisas. Energía. Katon W. De Pena volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los frontmen más carismáticos del género. Hay personas incapaces de envejecer sobre un escenario. Él parece ser una de ellas.
Después llegó uno de esos momentos que justifican un festival completo. Messiah por primera vez en México. Su presentación confirmó la importancia histórica de una agrupación fundamental para el desarrollo del metal extremo europeo y fue recibida con el entusiasmo que suelen reservarse las primeras veces.
Hellripper apareció con velocidad suficiente para volver a poner en movimiento al público. Luego Armored Saint recordó por qué el heavy metal clásico nunca pasa de moda. John Bush continúa transmitiendo una autoridad escénica difícil de explicar. Su sola presencia llena el escenario.
Uno de los grandes signos de interrogación del festival era Grave, famosos por cancelar presentaciones. Las dudas previas quedaron disipadas cuando la agrupación sueca subió finalmente al escenario. Su repertorio confirmó el lugar que ocupa dentro de la historia del death metal escandinavo.
Pero todavía faltaba el último acto. Metal Church, con nuevo disco y nueva alineación, cargando a David Ellefson en el bajo. Su regreso convirtió al San Luis Metal Fest en el escenario de una presentación especialmente esperada.
Fuegos artificiales. El anuncio de la edición 2027 con las primeras bandas confirmadas. El éxito fue tal que el año que viene traerá a más metaleros.
Claro, hay áreas de oportunidad. Lo difícil es conservar y seguir el camino trazado.
Los festivales suelen medirse por cifras. Asistencia. Número de bandas. Horas de música. Metros cuadrados. Decibeles. Pero rara vez esas estadísticas explican lo que realmente ocurre. Lo importante sucede en otro lado. En el desconocido que te da de su bebida. En quien levanta al que acaba de caer durante el mosh. En el veterano que observa el escenario sentado bajo una sombrilla mientras sostiene una cerveza con la tranquilidad de quien sabe que ya no necesita demostrar absolutamente nada. En el adolescente que descubre por primera vez una banda de hace cuarenta años y entiende que la música también puede viajar en el tiempo.
El San Luis Metal Fest terminó demostrando que había espacio para leyendas consolidadas, debuts históricos y nuevas generaciones compartiendo el mismo escenario durante dos días intensos. El formato gratuito, la convivencia entre públicos de distintas edades y un cartel que cruzó múltiples vertientes del metal dejaron una primera edición con identidad propia y con bases para consolidarse como una cita relevante dentro del calendario nacional.
Con el siguiente capítulo para 2027, bajo la leyenda The Rise of Shadows, la capital potosina será cubierta por una sombra de metal.
Agradecimientos especiales a Medussa Entertainment y Sierra Centro Producciones por las facilidades otorgadas.
Fotos por Javier Camarena
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